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jueves, 30 de agosto de 2012

QUE ES UN CIBERCENTINELA



Mario se sienta cada noche delante de su ordenador, después de cenar. Navega por internet... para buscar sitios con pornografía infantil. No es ningún perturbado. Es más, le repugnan estos contenidos. Por eso lo hace.

Mario es el pseudónimo de un cibercentinela, sobrenombre con el que se conoce en la Red a los que se sumergen en las redes de pedófilos para desenmascararlos. Son cerca de 2.000 voluntarios, una legión de justicieros de la Red dispuestos a llegar a donde la Policía no puede para acabar con la pedofilia online.

Para cazar pedófilos, el cibercentinela ha de imitar sus pasos. Un buena vía de entrada es teclear en Google o en otro buscador las palabras de búsqueda más usadas por ellos. A partir de ahí, fija sus objetivos: foros de internet, blogs, comunidades virtuales, páginas con enlaces a archivos pornográficos infantiles en redes P2P, etc.

La estrategia de ataque cambia en cada caso. Al principio intentan ir "de buenas", explica Mario. "Proponemos a los propietarios del dominio que cierren el foro o el blog en cuestión". Si no les hacen caso, sacan las armas pesadas.


Al borde de la legalidad

Para cerrar lugares de intercambio de pornografía infantil, dicen que lo mejor es colarse dentro. Al igual que el pederasta, que intenta engañar a los niños mediante el grooming, el cibercentinela aparenta ser un pedófilo más para poder entrar. "Te tienes que inventar una vida entera", afirma Mario. Pero lo más peligroso viene a continuación: el intercambio de material.

En España, la tenencia y distribución de pornografía de menores de edad está terminantemente prohibida. Eso es justo lo que se ve obligado a hacer el cibercentinela si quiere ganarse la confianza del pedófilo: una foto de un niño desnudo por otra foto similar. "Ellos intercambian fotos como si fueran cromos. Para entrar  tienes que compartir", se justifica Mario.

Este intercambio supone muchas veces el fin para el pedófilo y su foro de intercambio. Una vez dentro de una comunidad, el cibercentinela puede tener acceso a las direcciones, nombres y movimientos de sus miembros. Luego pasa toda la información a la Policía: "Para ellos, conseguir un usuario y una contraseña sería casi imposible", indica Mario, porque los agentes tienen prohibido traficar con porno infantil.

A algunos cibercentinelas les gustaría que las Fuerzas de Seguridad pudiesen hacer este trabajo. "Sería necesario que la justicia creara la figura del agente encubierto para temas de internet", opina Mario. Juan Salom, jefe del grupo de la Guardia Civil para delitos informáticos, confirma que con agentes encubiertos se podría llegar mucho más lejos en las investigaciones. "Pero no existe en ningún país del mundo", apostilla. "Es la justicia la que tiene que decidir si se aprueba o no".

Mario no tiene dudas morales sobre la necesidad de intercambiar archivos infantiles, si el fin es acabar con la pedofilia: "Merece la pena hacerlo", dice. De momento, los agentes nunca le han puesto problemas.

Debido al aumento de los contenidos pedófilos en internet, ellos se sienten cada vez más necesarios. "Ha habido una evolución en la dureza de los contenidos. Las imágenes que vemos son cada vez más fuertes".

Por ello, Mario seguirá recorriendo la Red durante las noches en busca de pedófilos. Hasta conseguir que entiendan que "un niño y sexo son incompatibles. Y punto".


 

ADN.es

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